Las vértebras del cuerpo: el lugar de la gramática (y de
su error) en la enseñanza del español
María José Richter
El cuerpo tiene un esqueleto que lo sostiene. El lenguaje,
de forma similar, también: la gramática. En el aprendizaje de una lengua, es el
profesor el facilitador: debe ayudar al alumno a entender el mecanismo de funcionamiento
del idioma y comprender la lógica de la lengua. Poder, entonces, comprender la
gramática es llegar al núcleo. Esto nos revela dos situaciones importantes. La
primera, aprender la gramática es un espacio de autodescubrimiento para el
alumno, pues conocer las reglas de otra lengua permite dominar de mejor forma
la lengua propia (y viceversa). La segunda, la gramática es quien nos suministra
confianza a la hora de expresarnos en otra lengua. Suele suceder que un alumno
no quiere decir algo en el nuevo idioma por miedo a equivocarse, por temor a
formular de forma errónea la frase, pero cuando sabe que esa oración está
correcta, hay mas probabilidades de lanzarse a la comunicación.
Ahora bien, tanto en la gramática como en otros espacios
del aprendizaje aparecen los errores que el alumno comete. Es fundamental
preguntarse, entonces, ¿cómo se posiciona frente a ellos el profesor? Veamos.
Leyendo diferente: ¿error o acierto?
Es imperativo que la lectura que el profesor haga del
error o la equivocación del alumno sea distinta. El actor, si continuamos con
la idea del segundo blog, no juzga a su público, les presenta algo. El profesor
debe entender el origen del error y la forma en que el alumno ha operado para
llegar a esa resolución. Solo así el profesor puede presentar una ayuda. En ese
sentido, el error deja de ser algo negativo y se convierte en un paso de
cercanía hacia el entendimiento de la nueva lengua. Por otro lado, frente a los
desaciertos el profesor debe medir lo que el alumno sabe hacer, debe darle
valor al acierto.
Dijimos que el profesor no puede juzgar el error del
alumno, por lo tanto, debe preguntarse cómo corregir y cuándo hacerlo. Para
ello, es esencial que, entre ambas partes lleguen a un acuerdo sobre las ratificaciones.
Incluso, si el ambiente lo permite, es importante fomentar la autocorrección;
es decir, el alumno puede ser capaz de notar el equívoco. Para ello, el profesor
no señala o marca el error de forma puntual, lo sugiere con algún gesto. Por
último, hay que destacar que no se trata de corregir todos los errores del aprendiz,
sino aquellos que tienen más importancia en el momento y en el contexto
Con todo esto, el aprendizaje de la gramática, la
confianza que ésta proporciona y la seguridad que el error será debidamente
corregido, el alumno podrá sentir que da un salto importante y se lanza
sabiendo que hay un soporte.

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